En el mundo de DC damos a Superman por seguro. No sólo es super-poderoso sino que esos mismos superpoderes (y su condición alienígena, muy probablemente) parecen ponerlo en un nivel moral muy por encima de la media humana. Es el gran salvador, es perfecto y además sabe llevar esa perfección con una super-humildad. Porque nadie esperaría que Superman se volviera loco de un momento a otro, ¿no?

irredeemable2¿Cómo podría?

Mark Waid, quien ya ha demostrado antes que sabe poner a los superhéroes en posiciones comprometedoras con piezas como «Kingdome Come», da origen a «Irredeemable» cuestionando por qué los creadores de superpersonajes asumen que estos no sólo poseen poderes extraordinarios sino la capacidad emocional de soportar todas las complejas implicaciones sociales de tener una doble identidad en la que vas en mallas peleando contra supervillanos. ¿Qué sucede en este punto de quiebre si un individuo está dotado de extraordinarios talentos pero no es capaz de sobrellevar sus colosales consecuencias? Plutonian es lo que sucede.

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No el universo de cómics en el que les gustaría vivir.

Cuando empezamos la saga Plutonian, ese personaje creado cual espejo de los valores prometidos por Superman, ya se ha vuelto loco y lo vemos cometer su primer crimen sin tocarse el corazón, asesinando a lo que parece ser su Batman. Pero la historia, claro está, no inicia nunca así, y ese prototípico universo de héroes fantásticos alguna vez fue un sitio ideal donde un grupo llamado Paradigm defendió con justicia al mundo. Un largo camino se ha recorrido desde entonces.

irredeemable4No necesitamos llegar al oportuno flashback para figurarnos qué salió mal en la brillante super-carrera de Plutonian. ¿Cuánto le toma a un hombre que es capaz de escuchar todo, de ver todo, de saber todo, volverse loco? ¿Cómo puede uno dedicarse enteramente a una humanidad que detrás de las sonrisas siempre va a criticar, siempre va a ser malagradecida? ¿Cómo se vive sabiendo que todo lo que toques puede romperse en cualquier momento? Si la idílica vida de Clark Kent lo hace sonar como algo fácil, a Plutonian le tocó un mundo donde no todos los padres son tan conscientes de la titánica labor de educar a un superniño, ni a todas las personas les cae en gracia la revelación de quién está debajo de esa máscara. Y un día el gran héroe universal decide que no más, y esa brutal y dolorosa transición del gran superhéroe al gran genocida es lo que da lugar a «Irredeemable». Un título que juega con todas las perspectivas de la historia.

La serie, compuesta de 37 tomos (y un especial bastante innecesario) que se publicaron a lo largo de tres años, podría dividirse en dos grandes arcos argumentales. En un primer momento tenemos la revelación y la contextualización de ese mundo de superhéroes aterrizados en situaciones mucho más realistas. No sólo la vida ha tenido sus duras particularidades para Plutonian sino también para el resto de los integrantes de Paradigm, una serie de personajes que en un primer momento parecen calcados a otros arquetipos heróicos, para luego ir desarrollando sus propias tramas. Tras la primera gran explosión y una serie de batallas iniciales, la historia parece abrirse a las posibilidades más variadas de este tipo de historias y se convierte en una especie de búsqueda por revertir la catastrófica situación a la que se ha llegado. Si parece de más la pregunta de si uno puede volver del lado oscuro, la labor del equipo restante se convierte en no permitir que todo lo demás se hunda con él.

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La gran fuerza de «Irredeemable» proviene de su excelente premisa, que se maneja a la perfección especialmente durante los primeros tomos, y la capacidad de tomar personajes tópicos y girarlos, retorcerlos, y llenarlos de detalles oscuros. Sobre todo en el caso de Plutonian cuyo descenso en las tinieblas es retratado con un cuidado especial para que su transformación en una superbestia irracional no parezca en absoluto forzada. Y aunque hacia el final, sobre todo en el segundo arco, la historia puede dar por momentos la sensación de que se alarga innecesariamente, o se pierde en sus subtramas, se sostiene sobre los pequeños giros, fugaces explicaciones o imágenes congeladas que pueblan ese universo de retratos realistas aunque deshumanizados de aquellos héroes que prometieron jugarse la vida por los demás. Y no podemos evitar preguntarnos: ¿A costa de qué?

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Si «Irredeemable» no es un clásico tan reconocido como «Kingdome Come» o «Empire» es probablemente porque su resolución no resulta tan sólida y bien construida como su excelente inicio, inclinándose más a responder la reflexión inicial de Waid antes que cerrándose de un modo quizás más simple pero redondo. Finalmente todo esto ha sido una forma de detenernos en el concepto que da origen a los superhéroes, no sólo a esos supremos y luminosos cuasi dioses sino incluso a los más pequeños y fugaces acompañantes. Super-científicos con una moral inamovible, extranjeros con poderes que encierran aspectos locales, engaños y desengaños de los super-romances. Y son esas imágenes abiertas las que marcan las pautas y la fuerza del cómic.

El arte se mantiene sobre una línea bastante usual en este tipo de historias, luciéndose sobre todo en algunos de los retratos más amplios, y dio inicio de la mano de Peter Krause para luego pasar a Diego y Eduardo Barreto de manera definitiva a partir del tomo 29. El mismo año en que inicio, el 2009, empezó a publicarse un cómic paralelo llamado «Incorruptible» y que presentaba un panorama inverso: el camino de un supervillano para transformarse en un héroe. Pero a cualquier villano, aún con las mejores intenciones, le resultará difícil competir con la dramática metamorfosis de Plutonian. Quizás porque al mundo le resulta más difícil perdonar a los héroes.

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