Regreso de ultratumba (o de ultramar) con muy pocas novedades cinematográficas. Por no decir ninguna, mientras se me siguen acumulando los estrenos a punto de irse de cartelera y el trabajo pendiente. Así que, para que tampoco piensen que me la paso viendo ultraviolencia asiática (o quizá sí, pero hay que disimular), hablemos un poco de cine europeo.

«Una giornata particolare», Ettore Scola

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Marcello Mastroianni es uno de mis grandes amores cinematográficos. Increíble actor y con una presencia única en pantalla. Y si encima lo ponemos junto a Sophia Loren, la cosa sólo puede resultar bien. O mejor dicho, terriblemente mal, porque sus amores fílmicos estaban destinados a una tragedia épica pero también profunda. Sin haber visto todas sus colaboraciones, no dudo que «Una jornada particular» sea la más poderosa de ellas.

Mayo de 1938, Hitler visita Italia en la cúspide del fascismo y todo el pueblo está listo para ir a las calles a celebrar por todo lo alto. Menos Antonietta, un ama de casa y madre de seis hijos quien tiene que quedarse a poner orden en el hogar que es un perpetuo campo de guerra, pese a lo mucho que le gustaría ir al desfile; y Gabriele, un hombre solitario que ha decidido poner en orden sus pertenencias y suicidarse. Son vecinos pero no se conocen, hasta que el ave mascota de la familia de Antonietta se escapa y se refugia justo en la ventana de Gabriele. Esta casual coincidencia acercará a dos individuos aislados socialmente, abandonados y que no encuentran el modo correcto de comunicarse a lo largo de un día si no es forzando escenas incómodas, absurdas, cargadas de sentimientos mal expresados.

Una película increíblemente bella y desgarradora, con un trasfondo social y emocional más allá de la tópica historia de amor imposible.

«La confesión», Costa-Gavras

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Costa-Gavras es griego, la producción es francesa y nada en el contexto histórico de la película parece especialmente preocupado porque nos demos cuenta de entrada a dónde sucede la acción (más que el desconcertante señalamiento de un personaje como «la francesa», lo cual es enigmático ya que todos hablan en francés, la mayoría de los actores son franceses, y al menos la actriz que interpreta a dicha francesa es alemana – un misterio). Pero esto es Checoslovaquia durante los años 50.

Gerard es el vice-ministro de relaciones exteriores durante la Chescoslovaquia comunista, pese a un pasado conformado por luchas contra el régimen en periodos anteriores, de pronto se descubre seguido por una fracción imprecisa del gobierno. Aunque trata de denunciarlo y nadie sabe nada, termina apresado, encerrado y torturado en busca de una delirante confesión que contradice todo por lo que ha pasado y todos los principios que el país dice ostentar en su nueva etapa. Lo kafkiano llega a niveles que serían irrisorios sino vinieran acompañados de violencia y humillaciones, a las que seguirá a su vez un proceso absurdo en su afán de querer aparentar legalidad donde claramente no la hay.

Aunque la película no nos lo dice con todas sus letras, los sucesos están inspirados en la vida del comunista checoslovaco Artur London y un periodo penoso de la historia reciente. Pese a su especificidad, no resulta difícil imaginar estos mismos sucesos y su simulación de legalidad en muy diversos tiempos y países. Por su parte, Costa-Gavras demuestra una vez por qué es uno de los mejores directores políticos, en esta ocasión de la mano de la excelencia actuación protagónica de Yves Montand.

«Film de amor y de anarquía», Lina Wertmüller

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Están con todo los años 70, ¿eh? O es que por alguna extraña razón coincidieron en mi vida películas de esta época cargadas de intenciones políticas. En este caso, Mussolini, la cinta de Scola lo trataba tangencialmente, pero aquí es eje temático que guía la existencia de una serie de curiosos personajes. Antonio llega a Roma encarnando todos los estereotipos negativos de la gente del campo, directo a un burdel en el que dice ser primo de Salomé, la prostituta más famosa del sitio. Ella lo recibe con toda la algarabía que acostumbramos ver en pantalla con los italianos, donde todo se resuelve a gritos y, en este caso, con desnudos y malentendidos de toda clase. Pero Antonio y Salomé no son primos, de hecho es la primera vez que se ven, pero ambos pertenecen a una agrupación anarquista que planea el asesinato de Mussolini, el cual deberá ser perpetrado por Antonio con la ayuda de Salomé, quien es amante recurrente del jefe de seguridad del dictador.

Con un estilo desenfadadamente italiano, que combina al tiempo el absurdo con melodramas típicos, «Un film de amor y anarquía» consigue una inmejorable historia política que no sacrifica la comedia para hablar de ideales puros (y lo poco prácticos que son), de la esencia humana detrás de los tópicos de burdeles y tramas de asesinatos, y de la posición histórica de esos aparentes personajes menores como el campesino que quería ser anarquista o la prostituta que hubiera querido ser asesina. Mariangela Melato y Giancarlo Giannini brillan por extraños, inusuales, incómodos personajes en una historia sobre el valor humano en todas sus dimensiones, dibujada dentro de un contexto histórico preciso y tristemente muy real.

«T2 Trainspotting», Danny Boyle

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Yo no tenía ninguna intención de ver «Trainspotting 2». Me parecía que era una secuela totalmente innecesaria, demasiados años después, además de que personalmente me sentía abismalmente lejana a la versión de mí que vio la primera parte y le gustó, por lo que no aplicaba esa extraña noción que algunos mencionaban de ‘crecer junto a los personajes’ (quizás porque nunca tuve la oportunidad de ser una yonqui perdida y traicionar a mis amigos por mucho mucho dinero). Pero ya que no siempre somos libres de elegir lo que veremos con alguien más en el cine, terminé resignándome a una producción que hubiera evitado a toda costa.

Y quizás precisamente por eso es que no me pareció nada mala. Mientras que las partes que tratan de establecer un paralelo con la primera pero con el tono amargo de lo jodido que es el paso del tiempo me parecieron forzadas en ocasiones, creo que la película triunfa precisamente donde trata de marcar una diferencia y alejarse un poco de lo esperable. Si bien los actores siguen siendo excelentes y seguro que en gran medida sacan adelante una historia que fácilmente podría arruinarse, creo que es un acierto el énfasis que se le da a Spud, sin duda el personaje mejor dibujado en esta ocasión.

Sin duda es una película para verse sin pensar en drogas, en sexo con menores de edad y en la versión menos educada del humor inglés, sino justo para aislar esa idea del horrible paso del tiempo y los horribles aspectos del ser humano, paradójicamente presentados en una casi tierna búsqueda de redención.

«The Second Best Exotic Marigold Hotel», John Madden

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El primer «Exótico Hotel Marigold» representa a la perfección lo que es el cine para ver con mi madre. Cuando no estamos viendo thrillers detectivescos o mafiosos chinos. Y como tal debo admitir que de todas las posibles comedias con viejitos, me parece una elección no sólo aceptable sino incluso disfrutable. Seguro que los bailes de Bollywood tienen algo que ver.

Por si no han visto la primera, un grupo de jubilados ingleses decide irse a la India con la promesa de un exótico retiro que además es increíblemente barato en comparación. Cuando llegan se encuentran con que el soñado hotel Marigold no es exactamente el palacio indio que les vendieron si no algo así como sus derruidos cimientos. Obviamente tras un camino de descubrimiento personal y humor inglés en contextos indios, logran más o menos arreglar la situación. Para la segunda parte ya todos están bastante adaptados a la India y se preparan tanto para la boda de Sonny (voy a aceptar que Dev Patel me encanta) como para sus planes de adquirir un segundo edificio para ampliar el hotel. Se suman nuevos personajes, incluyendo a Richard Gere (¡ya tiene 68 años!), se sigue con la divertida línea de humor y se suman algunos bailes por ahí. No los suficientes, ya que después de todo no deja de ser una película inglesa.

«The haunting», Robert Wise

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¿Recuerdan esa película noventera de terror en la que Liam Neeson se inventaba un experimento sobre el insomnio para encerrar a una mansión embrujada a Catherine Zeta-Jones, Owen Wilson y Lili Taylor? Qué tiempos aquellos. Tengo recuerdos tiernos y terribles de ella. Pues, «The haunting» es la maravilla gótica sesentera de la que es remake. En ella el Dr. John Markway no se tiene que inventar nada, ya que su deseo desde el inicio es demostrar la existencia de fantasmas al internarse en el sitio más embrujado que pueda encontrar con un grupo de personas relacionadas con lo paranormal: Theodora, una psíquica, Eleanor, protagonista de un poltergeist en su infancia, y Luke, sobrino de la dueña de la mansión porque tampoco va a dejar que un grupo de fanáticos estén dando vueltas por su propiedad.

Con una estructura bastante típica para historias de grupos de investigadores en casas embrujadas, la película se centra sobre todo en Eleanor, una mujer histérica, minimizada toda su vida, que siente por primera vez que tiene un propósito y una importancia clave para algo. Sin cuestionarse demasiado su presencia en la casa, se ve arrastrada por un misterio que la mayor parte del tiempo oscila de manera maravillosa entre la evidente maldición y los desvaríos de una paranoia fantasiosa. Elementos que, sin mencionarlos, sabemos ahora son básicos en episodios de poltergeist.

Aunque su débil final le quita un poco de fuerza a la historia, que en algún punto empieza a alejarse quizás demasiado del aspecto meramente paranormal, su bella estética y sus excelentes actuaciones sin duda construyen una joya que cuesta creer tenga tantas décadas de antigüedad.

«La fille de nulle part», Jean-Claude Brisseau

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«The girl from nowhere» es de esas películas que sólo puedes explicar advirtiendo que es francesa. Muy francesa. Trata, por una parte, de un hombre mayor retirado (Michel, interpretado por el propio director) que un día se encuentra a una joven desangrándose casi frente a su puerta (Dora). Como buen samaritano se hace cargo de la joven, que no tiene hogar ni aparentemente nadie que se preocupe por ella, incluso después de que ella insiste en que sus atenciones han sido demasiadas. Con una relación informal pese a la diferencia de edades, ambos empiezan a llenar la vida del otro en lo cotidiano de maneras extrañas al tiempo que familiares.

Pero la película también va, de algún modo, sobre sitios embrujados. Y no entendiendo por ello la habitual casa embrujada (que en este caso tendría que ser el departamento de Michel), sino una especie de no-lugar en el que se convierte el espacio que comparten los dos personajes, tal vez incentivado en cierta medida por la maldición que Dora lanza en broma al inicio, tal vez porque ese misterio que sucede cuando nadie ve siempre estuvo ahí. Entre sesiones de ouija y fantasmas que sólo nosotros vemos, lo que podría parecer una tierna historia dramática se convierte en algo inexplicable, bello y siniestro, que sólo puede explicarse como ese también no-lugar que es lo ‘muy francés’.

«La tortuga roja», Michael Dudok de Wit

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Aunque se publicitó mucho por la participación de Studio Ghibli como productor, no hay que perder de vista no sólo que se trata de una animación francesa, sino que es una película increíblemente íntima que responde a la visión de su creador, Michael Dudok de Wit, no sé si el único occidental (o persona, en general) en el mundo al que Hayao Miyazaki le ha pedido una película. Viendo el resultado, no es de sorprenderse.

Sin un solo diálogo, la historia podría resumirse imprecisamente diciendo que un hombre naufraga en una isla desierta en la que se encuentra con una tortuga roja. Un encuentro mítico que no responde la lineal historia de cómo escapar de esta situación sino que encuentra al personaje consigo mismo y con la naturaleza en una relación que no puede ser totalmente armónica pero que no por eso pierde su infinita capacidad de amor. Al final, pese a los claros momentos por los que atraviesa la acción, creo que hay mucho que se puede leer de diferentes formas, o incluso no hacerlo y dejarse llevar únicamente por las increíbles y rítmicas imágenes que se mueven como las olas entre un acto y el siguiente.

«Matrimonio a la italiana», Vittorio De Sica

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Regresamos a Loren+Mastroianni. Pero «Matrimonio a la italiana» me conflictúa mucho más que «Una jornada particular», porque si todos los matrimonios en Italia están destinados a hacer como una infinita relación de amor/odio entre estos dos enormes actores (tremenda belleza que destila Loren en cada movimiento), no puedo imaginar un panorama más desolador.

Si por un lado tenemos a dos actores cuya presencia y talentos son abrumadores sin necesidad de hablar de su química en pantalla, por otro nos encontramos una clara situación de abuso y humillaciones que Sophia tiene que aguantar porque ‘pégame pero no me dejes’. Si su etapa más amorosa me atrapa y me conquista, habría sido muy feliz si al final hubieran despellejado vivo a Mastroianni.

«Prevenge», Alice Lowe

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Y cerramos con terror obstétrico porque estar embarazada es un misterio siniestro. Posiblemente lo mejor de «Prevenge» es que la directora y protagonista estaba muy realmente embarazada durante la grabación de la película, la cual escribió en tres días y grabó en once con una panza de ocho meses.

Ruth no está en el mejor momento de su vida. Si para muchas la maternidad es un periodo maravilloso, ella se encuentra desolada tras la muerte de su pareja en un trágico accidente de montañismo al tiempo que escucha la voz de su hija no-nacida que la incita a asesinar a todos los que estuvieron involucrados en la muerte de su padre. Dicen que el embarazo hace cosas misteriosas con el cuerpo. Y Ruth no se resiste demasiado porque en ese momento de su vida necesita que alguien más lleve las riendas y qué mejor que un feto con tendencias asesinas.

Si la cinta como slasher tarda un poco en presentarse como un buen conjunto (en lo que contribuye sin duda su bajo presupuesto), es por otra parte una interesante y distópica representación de que no todo en los embarazos es maravilloso. Ya no digamos cuando la criatura que se está esperando es algo así como telépata y sanguinaria.